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Quienes no lo confundían y llamaban pan al pan y culo a todo lo demás eran dos personajes tan dispares como Mozart y Verdi. Los dos nos sentimos muy tristes Es tan deprimente El propio Liszt pareció ofendido cuando no dijimos nada, pero cómo se puede hablar cuando una se siente tan enojada?». Cuenta el pianista en su Diario c?mo la anciana se mostr? muy entusiasmada con el Concierto para piano del propio Paderewski, mut?ndole por completo el rostro cuando le lleg? el turno al segundo n?mero de la Fantas?a de Liszt. Clementi es un charlatán, como todos los italianos. Un d?a que R?mola le fue a llevar el desayuno a la habitaci?n Vaslav la tir? al suelo de un fuerte golpe, junto con la bandeja y toda la vajilla; c?mo ella se pusiera a recogerlo todo flem?ticamente. Cuando el compositor la encontró en 1873 tal había sido su evolución que decidió arrojarla a las llamas, si bien indultando tres números que trasplantó al segundo movimiento de su Segunda sinfonía y a El lago de los cisnes. Shostakovich a menudo no sabía qué hacer con el dinero, así que lo regalaba a los más necesitados. Humillaciones muy particulares sufr?an aquellos que entraron en el panorama musical no por la gran puerta de Kiev, ni siquiera por la puerta de atr?s, sino por el desag?e de las letrinas, sujetando entre los dientes partituras incomprensibles como dudoso. En cuanto a Vladimir Horowitz, puesto a coleccionar, se andaba con miniaturas, pero en modo alguno con chiquitas, ya que habi?ndose comprado en 1945 un espacioso piso en la parte m?s selecta de Nueva York lo llen? de cajas. La insufrible belleza de la mujer le trastornó el juicio, que él creía perfectamente conservado a la edad de cincuenta y seis años. Por entonces ya aborrec?a dar conciertos, y como de algo hab?a que vivir en un pa?s tan caro como Suiza, su amigo el director Da Motta Vianna le sugiri? dar clases de piano, soluci?n que Busoni descart? ipso.

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Se levantaba por las mañanas, con el pie derecho o con el izquierdo y tan sólo acertaba a accionar la cadena del retrete y el grifo de la ducha. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2002. Desde allí escribió a un amigo: Qué difícil me resulta describirte cómo me siento ahora mismo. Aquella sinfonía sí que fue dictada a Shostakovich por la transpiración y no por la inspiración. Entonces Scriabin golpeó la mesa con el puño y la reacción posterior la narra Rubinstein en su Autobiografía : «Que qué? En carta de 26 de enero de 1923 escribía desde Viareggio a su gran amiga y confidente Sybil: Creo que en marzo iré a Viena a ver a ese médico. Y yo, qué he tocado? Quien directamente delegaba sus pantalones en casa era Richard Strauss. Para ser profeta en el terruño no sólo había que hacer buena música, sino también esmerarse en ser un buen comunicador. Sus piezas son, tanto por su contenido como por el sonido, experimentos tan audaces que por el momento no puedo atreverme a presentárselas al más que conservador público de Berlín».

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Se cambió de ropa, avisó a la familia que no le esperasen para cenar y en la noche del 5 de abril de 1835 dieron los tres un concierto en honor de los refugiados polacos. Por qué esta ansiedad? Rachmaninov se rasgaba las vestiduras cada vez que pensaba en la muerte. Me siento como parte de la música con una obligación especial. Toscanini le dijo que esperase; se concentró enérgicamente cerrando los ojos y, una vez repasada toda la partitura, le tranquilizó: «No se preocupe; no hay un solo mi bemol en toda la pieza». Rostropovich también tenía dignidad, además de familia; por eso la operación aritmética le salía bastante más peligrosa que a Shostakovich. El respeto que Herr Sch?nberg exig?a para s? es el que le falt? para tratar la herida de la tradici?n, hollando en la misma en lugar de cauterizarla con palabras amables, convirtiendo en centro de su mordacidad a aquellos compositores. Y eso es, precisamente, un niño malcriado que de tanto en tanto hace una incursión en la música. Ese jugador que (casi) todos llevaban dentro Dada la carencia en los siglos xviii, XIX y buena parte del XX de sofisticadas emergencias para salir al paso del aburrimiento, a la humanidad no le qued? m?s remedio. Ambos temían que sus facultades musicales se hubieran malogrado, y para comprobarlo la exigente mujer, en lugar de empezar por algo suave como una Siciliana de Bach, le pidió que tocase nada menos que el Concierto de Mendelssohn. .


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Contaba Shostakovich a su biógrafo Volkov cómo Serguéi tenía dos palabras favoritas: una era «divertido que usaba para valorar positivamente putas de lujo en barcelona sinónimos de servicios todo lo que le rodeaba: la gente, los acontecimientos, la música La segunda era «comprendido?». Al parecer al coche se le hab?a salido una rueda deficientemente colocada en el taller el d?a anterior y dio una vuelta de campana; Prok?fiev perdi? el conocimiento, su esposa Lina casi pierde un ojo y su hijo sali? despedido. Rachmaninov podía abarcar al teclado una undécima con su mano, pero con la memoria, ni se sabía. Su lugar estaba en Nueva York o en West Redding; en pocos más. En el verano de 1918 Webern había encontrado una casa cerca de la de Schönberg en Mödling (Austria) y a ella iba todos los días, siendo el momento cumbre cuando después de cenar llegaban las partidas de whist o tarock. Siento decir (porque tengo buenos amigos entre ellos) que a Enrico Caruso no le ayudaron a morir ni sus amigos ni su esposa, videos trabestis descargar video porno sino los médicos, y ello por algo muy en boga hoy en día: los errores de diagnóstico. La tradición dice que en la vida hay que tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Sólo las enviadas a su amigo el crítico musical Herman Laroche suman más de cuatro mil. Algunos músicos consiguieron su buena estrella a costa de desgañitarse, hasta putas de lujo en barcelona sinónimos de servicios el punto de clamar mucho más por el angel de la guarda que por la musa. En su primera clase sólo aguantó la compostura diez minutos, huyendo en el once por el temor a desvanecerse ante ellos. Un fuerte viento arrastró las llamas a través del parque. Para ello se necesitaba una buena materia prima y un escenario donde poder sentirse uno ave fénix sin los peligros consustanciales a un coto de caza menor. No bien oyó una de las composiciones del brasileño creyó en su genio ya de forma indeleble y decidió aportar su grano de arena a su consagración. Pronto el tal Bertoni pudo comprobar que las maldiciones de las brujas en Macbeth eran villancicos navide?os en comparaci?n con las de este otro rey de Italia, pues en cuesti?n de d?as el hombre fue aborrecido en todo el pa?s. Veintiocho años después de que Wagner lo hiciera, probó Rimski-Korsakov a dirigir de memoria a Beethoven. Se me olvidaban los calcetines blancos y las sandalias. Uno de ellos lo tuvo Verdi en Francisco Barbieri. Hans von Bülow no tenía reparos en morder la mano que le alimentaba para así dejar la marca y distinguir entre quien ponía el dinero y quien ponía el talento. Imag?nense c?mo debi? de sentirse Dmitri Shostakovich cuando, siendo el m?s alto representante del lobby musical sovi?tico, fue enviado a Estados Unidos en 1949 como parte de una delegaci?n musical rusa y, haciendo escala en Fr?ncfort, lo primero. Händel no pudo darse por aludido. Un geniecillo salió de su lámpara y le dio a elegir no tres, sino una sola fobia, así que, al igual que Berlioz, eligió la música italiana en bloque. Lejos de posarla en el mostrador de una cervecería Richter la llevó siempre eslabonada en la cadena de su reloj, «como recuerdo de un día en que lloré según dijo. En realidad cuando Mahler empuñaba cualquier cosa ponía los pelos de punta a quien tuviera enfrente; así como el orden de los factores no altera el producto, el desorden de los músicos jamás alteraba sus deseos de matar. Cuenta Alma Mahler en sus Recuerdos cómo la madre del compositor Hans Rott, alumno de Bruckner, fue a casa de este para conocer de primera mano los verdaderos progresos de su hijo. Avanzábamos muy lentamente, agarrados a las rocas, teniendo a ambos lados terribles montañas, de tal manera que el mundo aparecía repentinamente encerrado y como amurallado. Cuenta el compositor Henri Sauguet que su colega tenía verdadera fobia al jabón, cuyo uso algún demonio de todos los que habitualmente le visitaban le había contraindicado. Lo hicieron Daniel Barenboim y la malograda Jacqueline du Pr?, o Mirella Freni y Nikol?i Gia?rov, pero tambi?n dos no tan conocidos por nosotros: el pianista de finales del siglo xviii, Daniel Steibelt, y su mujer, que acompa?aba. Por ello pic? a la puerta del director orquestal y pianista Alexander Siloti, con la intenci?n de que incluyera en alguna representaci?n su malhadado concierto, a lo que Siloti se neg? aduciendo que semejante obra estaba m?s all?. El año 1889 fue infausto para Mahler.

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